Obra Propia
Deseo
Devorar tu geografía infinita,
infinitamente en fuego,
hasta que el volcán
que abre los brazos en mis pupilas
reproduzca el amanecer,
sin que termine la germinación
de esta semilla silenciosa
que te ha buscado
en todos los rincones del viento.
Que sean los párpados
sólo una pintura
que se bambolea en el abrazo:
tierno resultado,
danza que busca humedecer
hasta el último deseo
con la nube hirviente que es tu piel:
abrigo-universo que imploro
para cubrir mi absurda incertidumbre,
después del beso,
de la explosión que vuelve río las entrañas,
después de todo esto
que puede parecer amor.
Náufrago
Tus besos,
hacia qué ínsula afortunada
viajan ahora, eternos;
qué marinero sin fuego
está aprendiendo a arder
en tus brazos de sal y espuma.
No hay oleaje en mis pupilas,
y los remos escaparon
en pos de tesoros sobre tierra.
La marea de la voz
dejó el timón de los romances
y velas apagadas hay
en la proa de la frente,
un barco abandonado
encalló en mi pecho.
Affaire
Oh Hedisa,
cuántas lunas llenaríamos
inventando el amor,
bajo el inmenso puente azul
que desata los reflejos de la lluvia,
cada vez que hablamos de milagros.
Cuántos ríos se desnudan
desde los ojos
hacia la confluencia de tus brazos.
Sonambulario
Para qué sirven las palabras,
si la especie que me falta
para alcanzar tus besos
se extingue en el silencio.
Si tú estás allá
y yo aquí,
si estás allá
estás en mí,
para qué me sirven las palabras.